FREDDY
JOSE MELO
Freddy José Melo nació en San Fernando de
Apure, el 14 de Julio de 1931. Curso primaria el La Unión de Barinas y
secundaria en San Fernando, Boconó y Caracas se graduó de licenciado en
educación en la Universidad Central de Venezuela. Ha participado en seminarios
y cursillos relacionados con su área profesional en (Caracas, Bogotá, Lima y
Berlín). Está casado con Gladys María Solórzano Mirabal con quien ha procreado
cuatro hijos. Trabajo en establecimientos comerciales de San Fernando y
Caracas, y como reportero en el diario ¨Panorama¨ de Maracaibo. Fue diputado
del congreso nacional de Apure durante el periodo 1959-1964. Actualmente ejerce
la docencia de castellano y literatura en educación media y es funcionario
técnico en la Contaduría General de la República. Junto a la política, ha
cultivado desde la adolescencia la poesía. Publico irregularmente en periódico
y revistas de San Fernando, Bocinó y Caracas. En ocasión de su ¨bodas de plata¨
y como obsequio a su esposa, reunió los poemas que conservaba en papeles o
memorias- algunas se le extraviaron, selecciono los que estimo ¨aceptables¨.
POEMA HABLO DE AMOR
Digo amor y amo el árbol y la fuente,
la huella de un pasar o un
sendero el corazón que es rosa y esacero, que vibra porque lucha
y porque siente. Amo el buscar inquieto tras la fuente
en noche desilencio compañero, el
alba anunciadora y su lucero, el río que va hacia el amor serenamente. Amo el amor que hiere y da La
vida, la mujer como espiga florecida, la
canción como fiel ronda del canto. Y amando sufro y marcho y pido
apenas una bostia de luz para la
pena y un pañuelo de sombra Parra
el llanto.
Porque si hay sombra en la
frente me das ánimo sereno y
cuando el paso desmaya me sonríes y lo sostengo, porque si acecha lo oscuro pones
cenit en el versoy
cuando el alma se viste de
soledad y de estero pueblos
de garza sonoras los ámbitos del silencio, porque
todo en mi te nombre y
porque tanto te debo , me
inclino para ofrendarte y
para decir ¨te quiero¨pulso
las cuerdas que saben vibrar
más bando en el pecho.
Hoy, como ayer y mañana
Por donde ya anduve vuelvo.
Nació en San Fernando de Apure en el año 1879, este bardo de nuestras
letras, orgullo de la tierra llanera. Su poesía eminentemente romántica, podría
ubicarse ya dentro del movimiento modernista de su época.
Vivió
una vida humilde, en un palafito construido a orillas del río y sobre el
río, el cual llama Carlo Laya.
Chozataller, que había sido construido sobre estacas y vigas de madera y
refuerzos de ladrillo en algunas partes. Esta fantástica vivienda le hacía
disfrutar de la belleza del Apure sin ir más lejos y sentir la fragancia de sus
aguas constantemente sobre su piel.
Además de poesía, cultivaba la música,
dominando varios instrumentos que tocaba en compañía de grupos que se reunían
junto a él en pequeñas tertulias literarias y artísticas, ya que su vida no se
desarrolló en forma corriente que suele hacerlo cualquier persona; sino que fue
una vida especial, pulcra y modesta, dedicada a moldear el oro y a sacar
de él “joyas de inspiradas formas”,
según el decir propio de Carlo Laya.
Murió este imitable representante de la
literatura regional en el año 1917, cuando contaba apenas 38 años. No hay muchos
detalles de su vida y de su fallecimiento, pero que mayor exponente que sus
poemas, recogido en el libro de Oro y Nácar, que edito por segunda vez Natalio
Estrada, su sobrino, también poeta y el cual dono el busto que reposo a
orillas del río en el lugar ahora fuera de su casa.
LA
PAVITA
POEMA
DEL LIBRO DE ORO Y NACER
Cuando la luna desde el cielo vierte
Su nacarino y pálido fulgor,
Cual anuncio misteriosa de la muerte
Ella levanta su fatal clamor.
Y al escuchar su lastimero canto
Que a más de un infeliz hacer sufrir,
Los enfermos suspiran con espanto,
Y el vulgo dice; “alguno va a morir”
Una noche, ¡oh, qué triste! Una pavita
Sobre un árbol de casa fue un canto,
Y Eloísa al oírlo, pobrecita,
Estaba grave, y dijo: “esa soy yo”
Y yo sentí en mi alma un hondo miedo,
Ese horrible presagio al escuchar:
¡Oh, dolorosa escena, que no puedo
De mis tristes recuerdos apartar!
Un gemido escapose de mi pecho
Y enfermo ya de tanto padecer,
Y con un nudo en la garganta hecho,
Mi sollozo no puedo contener.
¡Y el ave no mentía! ¡Qué misterio!
¡Ay! Cubierto de flores, su ataúd
Vi conducir, más tarde, al cementerio,
En medio de una fúnebre quietud.
Y desde entonces, que amargura siento
Cuando escucho con tétrica ansiedad
De esa avecilla el quejumbroso acento
De la noche en mi inmensa soledad.
ANTONIO
JOSÉ TORREALBA
Gran conocedor del llano apureño,
escritor y poeta, quien nació en Cunaviche, en enero del 1883. Hijo de Antonio
José Torrealba y de Josefa Vinicia Osto.
Descendiente directo de indígenas Otomacos, sus abuelos maternos fueron Manuel
Solórzano y una india Otomaca de apellido Osto. Su abuelo paterno: Antonio José
Torrealba y Felipe Páez. Se dice que su madre murió muy joven, dejando al niño
de apenas un año de edad, y cuenta que fue amantado con leche de yegua,
circunstancia por la cual siempre considero a los caballos como sus hermanos.
Tuvo fama de ser buen jinete, coleador, enlazador, cantante y maraquero. Domino
perfectamente las lenguas otomacas y yarura.
En 1927 trabajo como caporal en el Hato La Candelaria – en el Paso Arauca—y es de allí donde conoció a Don Rómulo Gallegos
cuando en la semana santa de dicho año el afamado escritor visito la llanura
apureña invitado por el joven José Félix Barbarito estudiante apureño
residenciado en Caracas. Torrealba, en largas conversaciones con Gallegos le
transmitió sus experiencias y conocimientos del llano, sus costumbres,
tradiciones y leyendas.
Tuvo gran pasión por la lectura y le
gustaba escribir sus vivencias en cuadernos. Aparentemente, hizo entrega de
diez primeros de estos cuadernos a Gallegos. Según el filósofo, lingüístico e
investigador apureño Edgar Colmenares del Valle, de las conversaciones con
Torrealba y los cuadernos recibidos nació la novela “Doña Bárbara” publicada dos años después de la
entrevista. Luego del éxito de Doña
Bárbara, Torrealba continúo escribiendo hasta llenar la vida del llano mismo de
una forma natural y vivencial. Estos
originales fueron organizados, estudiados, analizados y editados por
Colmenares del Valle y publicado en 1987
por la U.C.V. y la Gobernación del Estado Apure.
Otra obra suya es “azabache”, una
historia referida a su caballo.
Murió de diabetes en San Fernando el 14
de julio de 1949 a la edad de 66 años.
CABALLO
ZAINO
Era mi caballo zaino
Negro con tres patas blancas,
Tenía un lucero en la frente
Blandas crines y anchas ancas.
Relinchaba jadeante
Cuando ensillándolo estaba
Y chasqueando ardientemente
Al salir me convidaba.
Montarlo de vía ligero
Pues partir veloz, airado
Hasta que al fin cogía suave
Pasitrote repicando
Cuando en las sabanas afuera,
Retozar reces veía,
Sujetarlo debía fuerte
Pues la rienda pedía.
Querida beberse los vientos
Aquel febril arándano,
Tragar quería la distancia
Del ancho y hermoso llano
Y cuando en el remontado
Me
adentraba en la llanura,
Miraba el mundo pequeño
Era inmensa mi aventura.
Pues contento me sentía
Cabalgando en mi caballo
Amigo fieles como estos
En doscientos hombres no hallo
Amigo como el caballo
Es difícil de encontrar
Que por defender su sueño
Gustoso se hace matar.
El perro su amigo es,
Aquel que leda comida
Y aquel que le hace cariño
En su legítima vida.
Un caballo con su dueño,
Siempre que lo quiera bien,
Es una madre con su hijo
Queda su vida por el.






