miércoles, 25 de febrero de 2015

POESÍA APUREÑA





FREDDY JOSE MELO

Freddy José Melo nació en San Fernando de Apure, el 14 de Julio de 1931. Curso primaria el La Unión de Barinas y secundaria en San Fernando, Boconó y Caracas se graduó de licenciado en educación en la Universidad Central de Venezuela. Ha participado en seminarios y cursillos relacionados con su área profesional en (Caracas, Bogotá, Lima y Berlín). Está casado con Gladys María Solórzano Mirabal con quien ha procreado cuatro hijos. Trabajo en establecimientos comerciales de San Fernando y Caracas, y como reportero en el diario ¨Panorama¨ de Maracaibo. Fue diputado del congreso nacional de Apure durante el periodo 1959-1964. Actualmente ejerce la docencia de castellano y literatura en educación media y es funcionario técnico en la Contaduría General de la República. Junto a la política, ha cultivado desde la adolescencia la poesía. Publico irregularmente en periódico y revistas de San Fernando, Bocinó y Caracas. En ocasión de su ¨bodas de plata¨ y como obsequio a su esposa, reunió los poemas que conservaba en papeles o memorias- algunas se le extraviaron, selecciono los que estimo ¨aceptables¨.
 



POEMA HABLO DE AMOR

Digo amor y amo el árbol y la fuente, la huella de un pasar o un sendero el corazón que es rosa y esacero, que vibra porque lucha y porque siente. Amo el buscar inquieto tras la fuente en noche desilencio compañero, el alba anunciadora y su lucero, el río que va hacia el amor serenamente. Amo el amor que hiere y da La vida, la mujer como espiga florecida, la canción como fiel ronda del canto. Y amando sufro y marcho y pido apenas una bostia de luz para la pena y un pañuelo de sombra Parra el llanto.

 Porque si hay sombra en la frente me das ánimo sereno y cuando el paso desmaya me sonríes y lo sostengo, porque si acecha lo oscuro pones cenit en el versoy cuando el alma se viste de soledad y de estero pueblos de garza sonoras los ámbitos del silencio, porque todo en mi te nombre y porque tanto te debo , me inclino para ofrendarte y para decir ¨te quiero¨pulso las cuerdas que saben vibrar más bando en el pecho.

 Hoy, como ayer y mañana
 Por donde ya anduve vuelvo.




JUAN VICENTE TORRES DEL VALLE

Nació en San Fernando de Apure  en el año 1879, este bardo de nuestras letras, orgullo de la tierra llanera. Su poesía eminentemente romántica, podría ubicarse  ya dentro  del movimiento  modernista de su época.
Vivió  una vida humilde, en un palafito construido a orillas del río y sobre el río, el cual llama  Carlo Laya. Chozataller, que había sido construido sobre estacas y vigas de madera y refuerzos de ladrillo en algunas partes. Esta fantástica vivienda le hacía disfrutar de la belleza del Apure sin ir más lejos y sentir la fragancia de sus aguas constantemente sobre su piel.
Además de poesía, cultivaba la música, dominando varios instrumentos que tocaba en compañía de grupos que se reunían junto a él en pequeñas tertulias literarias y artísticas, ya que su vida no se desarrolló en forma corriente que suele hacerlo cualquier persona; sino que fue una vida especial, pulcra y modesta, dedicada a moldear el oro y a sacar de él “joyas de inspiradas formas”, según el decir propio de Carlo Laya.
Murió este imitable representante de la literatura regional en el año 1917, cuando contaba apenas 38 años. No hay muchos detalles de su vida y de su fallecimiento, pero que mayor exponente que sus poemas, recogido en el libro de Oro y Nácar, que edito por segunda vez Natalio Estrada, su sobrino, también poeta y el cual dono el busto que reposo a orillas del río en el lugar ahora fuera de su casa.


LA PAVITA

POEMA DEL LIBRO DE ORO Y NACER 
Cuando la luna desde el cielo vierte
Su nacarino y pálido fulgor,
Cual anuncio misteriosa de la muerte
Ella levanta su fatal clamor.

Y al escuchar su lastimero canto
Que a más de un infeliz hacer sufrir,
Los enfermos suspiran con espanto,
Y el vulgo dice; “alguno va a morir”

Una noche, ¡oh, qué triste! Una pavita
Sobre un árbol de casa  fue un canto,
Y Eloísa al oírlo, pobrecita,
Estaba grave, y dijo: “esa soy yo”

Y yo sentí en mi alma un hondo miedo,
Ese horrible presagio al escuchar:
¡Oh, dolorosa escena, que no puedo
De mis tristes recuerdos apartar!

Un gemido escapose de mi pecho
Y enfermo ya de tanto padecer,
Y con un nudo en la garganta hecho,
Mi sollozo no puedo contener.

¡Y el ave no mentía! ¡Qué misterio!
 ¡Ay! Cubierto de flores, su ataúd
Vi conducir, más tarde, al cementerio,
En medio de una fúnebre quietud.

Y desde entonces, que amargura siento
Cuando escucho con tétrica ansiedad  
De esa avecilla el quejumbroso acento
De la noche en mi inmensa soledad.


ANTONIO JOSÉ TORREALBA

Gran conocedor del llano apureño, escritor y poeta, quien nació en Cunaviche, en enero del 1883. Hijo de Antonio José Torrealba y de Josefa Vinicia Osto. Descendiente directo de indígenas Otomacos, sus abuelos maternos fueron Manuel Solórzano y una india Otomaca de apellido Osto. Su abuelo paterno: Antonio José Torrealba y Felipe Páez. Se dice que su madre murió muy joven, dejando al niño de apenas un año de edad, y cuenta que fue amantado con leche de yegua, circunstancia por la cual siempre considero a los caballos como sus hermanos. Tuvo fama de ser buen jinete, coleador, enlazador, cantante y maraquero. Domino perfectamente las lenguas otomacas y yarura.
En 1927 trabajo como caporal en el Hato La Candelaria – en el Paso Arauca—y es de allí donde conoció a Don Rómulo Gallegos cuando en la semana santa de dicho año el afamado escritor visito la llanura apureña invitado por el joven José Félix Barbarito estudiante apureño residenciado en Caracas. Torrealba, en largas conversaciones con Gallegos le transmitió sus experiencias y conocimientos del llano, sus costumbres, tradiciones y leyendas.
Tuvo gran pasión por la lectura y le gustaba escribir sus vivencias en cuadernos. Aparentemente, hizo entrega de diez primeros de estos cuadernos a Gallegos. Según el filósofo, lingüístico e investigador apureño Edgar Colmenares del Valle, de las conversaciones con Torrealba y los cuadernos recibidos nació la novela “Doña Bárbara”  publicada dos años después de la entrevista. Luego del éxito  de Doña Bárbara, Torrealba continúo escribiendo hasta llenar la vida del llano mismo de una forma natural  y vivencial. Estos originales fueron organizados, estudiados, analizados y editados por Colmenares  del Valle y publicado en 1987 por la U.C.V.  y la Gobernación del Estado Apure.

Otra obra suya es “azabache”, una historia referida a su caballo.
Murió de diabetes en San Fernando el 14 de julio de 1949 a la edad de 66 años.


CABALLO ZAINO
Era mi caballo zaino
Negro con tres patas blancas,
Tenía un lucero en la frente
Blandas crines y anchas ancas.

Relinchaba jadeante
Cuando ensillándolo estaba
Y chasqueando ardientemente
Al salir me convidaba.

Montarlo de vía ligero
Pues partir veloz, airado
Hasta que al fin cogía suave 
Pasitrote repicando

Cuando en las sabanas afuera,
Retozar reces veía,
Sujetarlo debía fuerte
Pues la rienda  pedía.

Querida beberse los vientos
Aquel febril arándano,
Tragar quería la distancia
Del ancho y hermoso llano

Y cuando en el remontado
 Me adentraba en la llanura,
Miraba el mundo pequeño
Era inmensa mi aventura.

Pues contento me sentía
Cabalgando  en mi caballo
Amigo fieles como estos
En doscientos hombres no hallo

Amigo como el caballo
Es difícil de encontrar
Que por defender su sueño
Gustoso se hace matar.

El perro su amigo es,
Aquel que leda comida
Y aquel que le hace cariño
En su legítima vida.

Un caballo con su dueño,
Siempre que lo quiera bien,
Es una madre con su hijo
Queda su vida por el.